La volatilidad energética y el aumento de la complejidad en el transporte serán dos de los grandes condicionantes de 2026, según ERA Group1. Aunque 2025 ha traído cierta “normalización” respecto a los años más convulsos, el entorno sigue siendo exigente: menos sobresaltos en precios medios, pero más dificultad para planificar por la inestabilidad y los cambios alrededor de energía y logística.
En electricidad, Europa se aleja del pico de la crisis de 2022 y los precios se han moderado, pero la energía sigue siendo más cara que en otras regiones, especialmente frente a Estados Unidos. Para 2026 se espera un nivel medio relativamente más calmado que en los máximos recientes, aunque todavía por encima de los niveles previos a la crisis. El problema principal será la volatilidad: el peso creciente de las energías renovables hace que el precio fluctúe más y complique presupuestos, por lo que recomiendan centrarse en gestión del riesgo2, eficiencia y estrategias para “asegurar” condiciones cuando el mercado lo permita.
En transporte, 2025 ha sido más estable en tarifas que años anteriores, pero con más complejidad operativa. En carretera se anticipan subidas moderadas para 2026 por costes laborales y mantenimiento, mientras el combustible suele ir como recargo aparte. En marítimo, tras la caída fuerte desde los máximos, la volatilidad continúa y factores como el nearshoring 3están cambiando rutas y flujos. Además, aumentan recargos y posturas defensivas de los transportistas para proteger márgenes, y cambiar rápido de proveedor no siempre resuelve el problema si hay pocas alternativas reales.
La conclusión para 2026 es clara: energía y transporte no se deberían gestionar solo con recortes, sino como palancas estratégicas. Estará en ventaja quien use datos, diversifique y tome decisiones proactivas para contener la volatilidad y reforzar la resiliencia de la cadena de suministro.