En comercio internacional conviene dejar fuera el análisis emocional: los mercados no se mueven por consignas, sino por reglas, expectativas y capacidad productiva. Visto así, un eventual cambio de ciclo institucional se interpreta menos como un hecho político y más como la posible “reconexión” de Venezuela con el sistema económico internacional tras más de una década de aislamiento operativo.
El efecto no sería inmediato ni espectacular, pero sí relevante en términos prácticos. Para una empresa logística que trabaja con mercancía general, lo clave no es el petróleo como producto, sino lo que suele desbloquear: normalización de cobros y pagos, reapertura de crédito comercial, mayor previsibilidad regulatoria y, con eso, retorno gradual de flujos de importación y exportación.
La palanca principal sería recuperar acceso al sistema financiero internacional 1y cierto nivel de estabilidad macroeconómica2. Con esas dos condiciones, el país tiende a volver a importar de forma sostenida bienes de consumo esenciales (alimentación, higiene, pharma), insumos productivos (envases, químicos, componentes, recambios) y equipos para reactivar capacidad instalada.
En paralelo, la logística suele “abaratarse” cuando baja el riesgo. Hoy el coste del riesgo se traslada a la operativa en forma de fricción: restricciones de financiamiento, condiciones de contratación más duras y sobrecostes asociados a incertidumbre. Si el riesgo país cede, lo normal es que los fletes marítimos ganen previsibilidad, bajen las primas de seguros y se reduzca la triangulación 3que encarece y alarga cadenas, especialmente en circuitos del Caribe y el Atlántico.
En cuanto al petróleo, Venezuela tiene enormes reservas, pero produce muy por debajo de su potencial histórico; si la producción se recupera y entra inversión extranjera, podría bajar la prima geopolítica y mejorar la estabilidad de precios y de disponibilidad de capacidad logística vinculada a la región. Aun así, el propio escenario es de plazos: el impacto, si llega, se vería más en una ventana de 12 a 36 meses que “de la noche a la mañana”, y más como estabilización que como “petróleo barato” inmediato.
El punto de fondo es que Venezuela volvería a comportarse como mercado: no uno nuevo, sino uno “en pausa”. Eso reabriría rutas y relaciones comerciales regionales, con ventaja natural para países cercanos por tiempos de tránsito y experiencia. Y, como siempre, el resultado final dependerá menos del cambio en sí y más de las medidas posteriores para sostener reglas, inversión y operativa de comercio exterior.
Fuentes: Aduana News
- “Sistema financiero internacional” se refiere al conjunto de bancos, mercados y mecanismos de pago/financiación que permiten liquidar operaciones de comercio exterior con normalidad. ↩︎
- “estabilidad macroeconómica” hace referencia a un entorno con variables clave (inflación, tipo de cambio, reglas fiscales y monetarias) suficientemente previsibles como para reducir riesgo operativo. ↩︎
- “triangulación” hace referencia a estructurar una compraventa pasando por terceros (países o intermediarios) para sortear restricciones o limitaciones operativas/financieras. ↩︎